Los Milagros Siguen Ocurriendo – Spanish translation of Miracles Still Happen

LOS MILAGROS SIGUEN OCURRIENDO
(Por Marlies Zechner)
Translated by Valeria Valesco

Si tiene alguna pregunta puede escribir al siguiente correo electrónico.
[email protected]
Este libro está registrado bajo derechos de autor 1998-1999 por Marlies Zechner. No puede ser vendido o comenrcializado de ninguna manera sin el permiso de la autora. Puede ser copiado para compartir con amigos, incluyendo esta advertencia en la copia.
Contenido
1/ Fiji
2/ Egipto
3/ Israel
4/ Papua Nueva Guinea
5/ Perdona o no podré perdonarte
6/ Jesús sigue sanando
7/ Suicidio
8/ Prisión de Long Bay
9/ Intento de asesinato
10/ Prisión de Bathurst
11/ Ángeles
12/ Cómo orar
13/ Cuerdas
14/ Contando el costo
15/ La enfermedad del corazón
16/ Lorraine
17/ Drácula – ¿Realidad o ficción?
18/ Si me amas
19/ Ser homosexual
20/ Fe
21/ La raíz
22/ Malasia
23/ Nueva visita a Fiji – 1997
24/ Lo que Jesús significa para mí
25/ Pasajes de mi diario
26/ Conclusión

Introducción

Existen dos mundos distintos, el físico y el espiritual. No podemos ver a Dios ni a sus ángeles o al demonio y sus ángeles, a no ser que Dios nos permita hacerlo. El que no los veamos, no quiere decir que no existan. No podemos ver el viento, pero podemos ver sus efectos. Una brisa puede mover las hojas de un árbol, pero un huracán puede arrancarlo de raíz. Entonces no importa cuantas personas nieguen la existencia de Dios, ellos no pueden negar esas cosas que ven diariamente: el cielo, el pasto, las flores, la comida, el agua, etc.

Romanos 1:19 y 20

19 porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. 20 Porque las cosas invisibles de Él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.
El propósito de este libro es mostrar la realidad de Dios a quienes leen estas páginas. Las historias son verídicas y muestran que los milagros no murieron con los discípulos y apóstoles. Dios, a través del Espíritu Santo y del Señor Jesucristo, es tan activo ahora en la vida de la gente que quiere conocerlo, como lo fue en los días en que Jesús caminaba la tierra en forma de hombre.

Hebreos 13:8 Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.

Si la gente pudiera buscar una relación personal con Dios a través de su Hijo, el Señor Jesucristo y del Espíritu Santo, sus vidas y las vidas de quienes los rodean cambiarían tremendamente.

1/ Fiji

Kara

En 1984, mi hija Rachael y yo viajamos a Fiji de vacaciones. Los primeros siete días nos alojamos en un lugar llamado Dick´s Place de la isla Malolo Lai Lai. Nos encantó el estilo de hospedaje que tienen en Fiji. Mientras desempacábamos, una mujer alta y delgada, de veintitantos años, entró a nuestra habitación y preguntó si queríamos algo. Durante nuestra estadía en ese lugar ella se quedaría a nuestro cargo. Se llamaba Kara y llevaba una flor roja detrás de la oreja que contrastaba hermosamente con sus dientes blancos y su piel morena.

No recuerdo cómo fue que comenzamos a hablar de Jesús, pero lo hicimos y ella empezó a llorar. Me contó que se había enfriado en su caminar con Jesús y quería conocerlo nuevamente. Mientras leíamos la Biblia, el Espíritu Santo la tocó y ella le dio su corazón nuevamente a Jesús.

Al día siguiente, Kara trajo a otras tres mujeres para escuchar la Palabra de Dios. El Espíritu Santo tocó sus corazones y las tres re-dedicaron sus vidas a Jesucristo. Durante el resto de mi estadía les di clases de la Biblia todas las noches.

La última noche decidí leerles todo lo posible del Evangelio según Juan. Sin embargo, no llegamos más allá del capítulo 1, donde Juan habla del bautismo en las aguas. Le pregunté a Kara si había sido bautizada de adulta. Me dijo que no. Sugerí que buscara una iglesia donde pudieran bautizarla. “¿Y si no puedo encontrar un Pastor?”, preguntó

Durante nuestra conversación Dios me habló y dijo:”Bautízala tú”.
Mi reacción fue: “¿Qué, bautizarla yo? No soy Pastor, además, soy mujer”.

“Eres mi discípula, ¿no es verdad?”, respondió Dios.

Dios no ve si somos hombres o mujeres, sólo ve nuestro corazón. Sin más discusiones (discutir con Dios no tiene sentido, Él siempre gana) yo le pregunté a Kara si quería que yo la bautizara. Ella se alegró con mi sugerencia. Después me contó que Dios le había dicho esa mañana, a eso de las 8, que me pida que yo la bautice.

Como el océano estaba frente al hostal, imaginé que ahí encontraría mucha agua para realizar mi primer bautizo. Me equivoqué, la marea había bajado. El amor de Kara por Jesús era grande, porque con agua o sin agua, con oscuridad o con luz (eran las 10 de la noche) ella estaba decidida a ser bautizada. Entonces caminamos y caminamos hasta encontrar algo de agua.

Las luces de la costa se desvanecían gradualmente en la distancia y las aguas oscuras del océano aparecieron frente a nosotros. Decidí que, aunque el agua llegaba solamente hasta las rodillas, eso era mejor que no tener nada de agua. Como nunca había bautizado a nadie, no tenía la más leve idea de qué decir, entonces simplemente dije: “Kara, ¿Quieres seguir a Jesucristo a través de las aguas del bautismo?” Su respuesta vino rápida y fuerte: “Sí”. Entonces le dije: “Te bautizo en el hombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Le pedí que se sumergiera en el agua, asegurándome de que el agua la cubriría por completo.

Mientras regresábamos al hostal, escuché ruido en el agua. Estando en el trópico, mi primer pensamiento fue “¡Serpientes marinas!” Me di la vuelta y le pregunté a Kara si en el lugar había serpientes marinas. “Oh, sí. Hay muchas, por eso estaba un poco asustada de meterme en el agua”. Qué bueno que Kara me lo dijo después del bautismo, no me habría metido en el agua si hubiera sabido que había serpientes marinas, que resultan ser más mortales que las serpientes terrestres. Ni las serpientes ni los corales filosos impidieron que Kara obedeciera el mandamiento de Jesús, una vez tomada la decisión.

Lepra

Los últimos siete días de nuestra vacación en Fiji los debíamos pasar en otra isla, en un hostal llamado Crows Nest. Ahí encontramos a Selai, quien nos presentó a Mary. Poco tiempo después, Mary y yo nos sentamos a leer la Biblia. Un día antes de regresar a Australia, ella nos invitó a Rachael y a mí a visitar a su familia en la villa. Yo imaginaba que las casas de esa villa de Fiji serían como muestran las postales: chozas techadas con hierba seca y hojas de palmera. La vivienda a la que llegamos, sin embargo, estaba hecha de calamina y era pequeña. El baño y la ducha estaban ubicados fuera de la vivienda. Lo que le faltaba a esa casa en cuanto a objetos materiales, le sobraba en comodidad.

El pueblo al que nos habían invitado no resultó ser como nos habíamos imaginado, pero mi hija y yo estábamos felices de tener la oportunidad de compartir con una familia de Fiji en su propio hogar. Como dijo Billy, el esposo de Mary, “a no ser que vengas a uno de nuestros pueblos y conozcas nuestras casas, nunca conocerás de verdad Fiji o a su gente”.

Acompañando a esa familia pudimos disfrutar de su comida típica. Hablamos de varios temas y terminamos conversando acerca de la mano de Billy, que estaba siendo carcomida por la lepra. Le conté a Billy que durante un año, mi pierna derecha había perdido toda movilidad y se había reducido a piel y huesos y que Dios la había devuelto a la vida. Dios la había restaurado por completo y Él podía hacer lo mismo con su mano.

Mientras hablábamos del amor de Dios y de sus milagrosas maneras de actuar en la vida de la gente, Billy se quebrantó y comenzó a llorar. Cuando terminó de llorar, su rostro mostraba alivio y no vergüenza. A los hombres se les enseña que no deben llorar, por eso pienso que sólo el Espíritu Santo puede tocar el corazón de un hombre hasta el punto que él se vea a sí mismo como es: un pecador que necesita de Dios. El haber compartido el Evangelio de Dios con Billy le dio a Dios la oportunidad de tocar su corazón.

Billy había sido cristiano anteriormente, pero los intereses del mundo habían enfriado su relación con Dios. Antes de ser cristiano, él tenía lepra en una mano, pero, alabado sea Dios, fue curado de esa enfermedad cuando se volvió a Jesús. Lastimosamente, la lepra volvió cuando él le fue infiel a Dios y a su esposa.

Le pregunté si quería darle su vida nuevamente a Jesús, él respondió afirmativamente. Entonces Dios me dijo que pusiera mi mano en su mano enferma y orara por sanidad. Días atrás, yo estaba en el mercado y Dios me había dicho tres veces que orara por una mujer que tenía bocio, y yo lo desobedecí por tímida, (¿avergonzada, temerosa?). Esta vez no iba a desobedecer a Dios y oré por Billy como Él me había indicado. Semanas después, Mary me escribió a Australia, diciéndome que su esposo había sido completamente restaurado, así como su matrimonio y su caminar con Dios. Ahora ambos están sirviendo a Dios con alegría.

Han pasado muchos años, y yo sigo agradeciendo a Dios por haber sanado la mano de Billy, pero también sigo triste por mi desobediencia, por no haber orado por esa mujer con bocio. Dios quería sanarla, pero yo no quise que me usara como medio para obrar en la vida de ella. Sólo espero que alguien más obediente que yo haya aparecido después y que Dios la haya librado del bocio.

Regreso a Australia – La plaga de moscas

Rachael y yo habíamos pasado el control de aduanas cuando fuimos recibidas por mis otras hijas, Sonja y Connie y mi yerno Paul. Las palabras “Te extrañamos” se mezclaron con “Oh, mamá, en el taller donde repararon el auto lo pintaron de un color diferente”, “Lo sentimos, pero la mitad de tus plantas murieron, olvidamos regarlas”, y “A propósito, hay una plaga de moscas en el departamento”. Mi cabeza daba vueltas con todo lo que estaba escuchando. Sentí ganas de tomar el próximo avión de regreso a Fiji.

Desempacar el equipaje fue emocionante, tanto para mí como para mi familia. Se sentía bien estar en un lugar familiar, de regreso al hogar. Las moscas debieron darse cuenta que la dueña de casa acababa de llegar, y por eso se estaban escondiendo. Como no vi ninguna mosca, les dije a las niñas que debieron imaginar esa plaga. Moscas o no, caí rendida en la cama esa noche, dejando las maletas a medio desempacar y ropa sucia esparcida en la sala de estar.

Al día siguiente, al abrir las cortinas, me di cuenta que efectivamente había una plaga de moscas en la casa. Siendo una fanática de la limpieza, no iba a compartir mi hogar con esos indeseables insectos portadores de enfermedades. Un viaje rápido al supermercado y cinco latas de insecticida parecían ser la respuesta. Primero, todas mis plantas debieron ser llevadas a los balcones para que el insecticida no las matara. Luego todos los muebles fueron llevados a un rincón. El spray fue rociado en tres dormitorios, en la gran sala de estar, el comedor y el pasillo. El esfuerzo casi me mata. Pero había que ver si el insecticida había afectado a las moscas.

Al día siguiente, las moscas habían disminuido en número, pero no habían sido completamente eliminadas. Decidí que era tiempo de llamar a la compañía local de exterminadores de plagas. Prometieron venir al día siguiente. Ese día, mientras oraba, sin pensar siquiera en las moscas, Dios dijo:”Cuando mi pueblo estaba en Egipto, ninguna plaga los afectó, sólo los egipcios eran atacados por las plagas. Yo creé las moscas, yo puedo exterminarlas con facilidad”.

Yo estaba absolutamente impresionada con lo que Dios había dicho. Obviamente oré inmediatamente pidiendo a Dios que elimine a cada una de las moscas. Sin embargo, las moscas murieron únicamente cuando, al día siguiente, llamé al exterminador y cancelé sus servicios. Ni una mosca se salvó y con los años ninguna volvió a molestar. Alabado sea Dios por ese tremendo milagro.

Algunos días después, Dios me reveló por qué había permitido que yo atravesara por ese trauma. En mis propias fuerzas no había sido capaz de de librarme de las moscas. Debía dejar de esforzarme tanto y, por el contrario, debía confiar en la guía del Espíritu Santo para toda situación. Con Dios a tu lado, la vida es mucho más fácil y barata.

This is the end of Chapter 1, more will be posted later.

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